La leyenda de la Puchaina adicta a los Labubus
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En las lejanías más lejanas del rancho Anebubu-Anekaka existía una puchaina adicta a los Labubus. Ella no podía comer sin su Labubudada, no podía dormir sin sus Labubus, ella no podía ir al baño sin sus Labubus porque le daba miedo de que se los robara el fife feroz, se bañaba bajo el agua con sus Labubus.
Su vida entera eran todos sus Labubus, y era lo que le daba energía día a día, porque para ella eran su motivación.
Pero un día al enterarse de que en Pop Mart salió una nueva colección de Labubus corrió desesperada a la tienda más cercana que había en su pueblo. Al llegar a la tienda más cercana se enteró de que no había ni un solo pelo de Labubus.
La puchaina desesperada optó por viajar a otro pueblo en busca de la nueva colección de Labubus.
Esta era una travesía muy peligrosa. La puchaina valiente, aventurera y correlona, corrio muchos kilometros hasta un pueblo lejano dónde un fife estaba vendiendo un Labubu único y original.
La puchaina no lo pensó, y lo compró muy feliz y realizada, la puchaina correlona, corrió hacía su casa dónde abrió su preciado Labubus y se dio cuenta de que la habían estafado con un Chabubus.
Cuenta la leyenda que la puchaina murió de tristeza y quedó deambulando por los bosques de Anekaka-Anebubu.


